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domingo, 6 de enero de 2019

Relato erótico corto Sr. Costabal.





A veces y solo a veces, amo la televisión por cable, especialmente hoy domingo que después de almorzar nos sentamos con las chicas y literalmente nos tomamos la habitación de Mauricio, bueno, la nuestra en realidad, y vemos un maratón de Cincuenta sombras de Grey. ¡Dios!, pero es que este hombre tiene ese no sé qué, que no deja indiferente a nadie, y aunque ya leímos los libros y la película no está de moda, cuan adolescentes que ya no somos volvemos a verlas y a sorprendernos con cada una de las escenitas sado, que en realidad no duran tantos segundos, pero eso nos da lo mismo, lo que no vemos en la peli lo leímos, o…lo imaginamos, ¡y en grande!!
Creo que estamos un poco, pero solo un poco pervertidas con la literatura erótica, nuestra imaginación da para mucho y más, sobre todo cuando miro el cabecero de mi cama, las cosas que yo haría, pero ni en esta ni en la otra vida se las digo a Mauricio, quizás y después piense que se casó con una pervertida. No es que vaya de santa por la vida, después de todo follamos como dice él en cada rincón de la oficina, ¿pero a lo Grey? Eso ya son palabras mayores, y con mayúsculas.
-Bueno, creo que ya es hora de irse -dice Claudia sacándome de mi ensoñación, y Fran, obvio es la primera en delatarme.
-¿Pensando en cómo sería tu Costagrey?
-¿¡Qué!?
-Eso, simple, tu cara te delata, y ninguna de ustedes se atreva a negarlo, no me digan que no les gustaría que les dieran unas nalgadita de placer, puro placer -alarga la palabra.
-¿Y seguro que a ti no? -responde Paula riendo.
-Por supuesto que sí -ataca con esa sonrisa diabólica la feminista-, pero no precisamente tú.
-¿A no? -responde Paula tocándose su perfecto cuerpo, porque eso sí que tiene la desgraciada, es hecha a la medida.
-No, te falta algo que te cuelgue entre las piernas para que me guste a mí.
Claudia se tapa la boca sonrojándose, pero como parece que la película me ha dejado un poco prendida mi lengua se adelanta.
-Eso lo solucionamos fácil, un arnés y ya te damos en el gusto –sonrío, ambas nos ponemos a reír por las estupideces que se nos ocurren, hasta que de pronto entra Sofía y todas al instante como si estuviéramos haciendo algo malo nos callamos, ella, que es muy pero muy inteligente nos mira a todas estudiando nuestros rostros. Pero como siempre, Claudia, la madura del grupo salva la situación y les dice a todas que es hora de irse.
En el salón Mauricio está con cara de pocos amigos, algo que no es tan anormal en él, cosa que a Fran le molesta, y lo hace saber.
-Para la próxima en vez de parecer un crio aburrido por que le quitaron su juguete favorito-manifiesta apuntándome-, podrías salir a dar una vuelta.
-O, tú, simplemente ser una persona decente, almorzar y dejar descansar a los dueños de casa yéndote -la ofende con esa sonrisa que a mí me derrite.
-Toda la razón, Costabal, pero da la casualidad que de decentes no tenemos nada.
Él solo levanta una ceja y me mira, sé que no entiende y exige con esa mirada una explicación.
-Nada, Mauricio -interviene Paula-, no le hagas caso a esta loca, está así por la película que acabamos de ver.
-¿La porno, dices tú? -la interroga haciéndose la inocente para molestar a mi marido, y sí, da resultado.
Como si le hubieran puesto un ají en cierta parte se levanta del sillón y su mirada solo de dirige a mí.
-No, no, no vimos una…
-¡Ah!, ¿cómo qué no?, si lo más que vimos fue el culito de Jamie.
Ya no me mira, soy fulminada por esos ojos.
-Esa -chilla la muy desgraciada-, esa misma mirada tenía Grey antes de follar a Anna.
Su frente se arruga, sé que no entiende nada y yo ya estoy colorada como un verdadero tomate.
-Ignorante, infórmate y aprende del maestro, que no es el señor Miyagi por si acaso -se burla, y con eso me da un beso y se va dejándome a mí con el toro a punto de atacar.
-¡No la soporto!
-¡Mauricio!
-¿Qué?, es insufrible.
-No digas eso.
-Ahora dime, ¿qué estabas viendo y qué es esa sarta de estupideces que dijo tu amiga? -recalca la palabra “amiga”
-Una porno, no -niego tajantemente.
-Si quisieras ver una, es cosa que me digas y la vemos juntos -dice tan suelto de cuerpo como si hablara de una película de princesas.
-¡Mauricio! -chillo avergonzada mirando para todos lados para asegurarme que Sofía no esté escuchando.
-¿Qué? ¿Acaso nunca has visto una porno?
Dudo unos segundos si decirle la verdad o mentirle, pero me decido por la verdad y solo niego con la cabeza y me acerco a abrazarlo.
Él en el instante me da una palmada en el culo y… me duele, lo miro y ya está con esa expresión seria de jefe ardiente.
-¿Acaso te crees Grey? –le suelto sin querer queriendo como diría el Chavo del ocho.
-Perdón, ¿quién?
-Nada, nada -me hago la tonta separándome de su agarre un tanto avergonzada-, voy a acostar a Sofía.
Varios minutos después cuando llego a la habitación, él está sentado como indio mirando a la nada, ni siquiera me abre las tapas. Está enojado, pero… ¿y yo qué hice?
Lo abrazo, es como si fuera una estatua y ni siquiera se inmuta cuando me quito la ropa interior y la tiro por encima de él al suelo.
Me rindo, caigo en brazos de Morfeo.
Al otro día muy temprano nos levantamos y como siempre los tres salimos de la casa. Todo el día  me quedo pensando en qué es lo que pasó anoche, y por más que le doy vuelta no entiendo.
En la tarde lo llamo para saber si regresamos juntos a casa y me extraña que no me responda, pero claro, ha sido así todo el día, de los cientos de mensajes que nos enviamos, hoy no recibí ni medio, ni siquiera su tan ya conocido, ¿almorzaste?
Al abrir la puerta del departamento todo está en absoluta penumbra, solo unas tenues luces se distinguen desde la habitación. Mi corazón late un tanto más aprisa, estoy preocupada, ni Sofía ha salido a recibirme, y cuando abro la puerta por completo de nuestra habitación me quedo simplemente paralizada. La luz dibuja sobre su cuerpo formas que lo hacen ver perfecto. Su abdomen plano desnudo solo está cubierto con unos pantalones… ¿oscuros? Y el botón desabrochado dejándome ver perfectamente su libre erección. La boca se me seca cuando noto la fusta en su mano golpeando su pierna.


-Qué… qué es todo esto -pregunto incrédula de lo que ven mis ojos, y sin darme cuenta ya estoy pegada a él sintiendo un latigazo sobre mi culo.
Curvo la espalda tratando de alejarme, pero en un solo movimiento toma mis muñecas y pone unas esposas de piel rojas.
-¿No te gusta tanto ver a ese tal Grey? -espeta con soberbia, y sus palabras cargadas de excitación me contagian.
-Yo, eh…
-Silencio.
Mierda, su voz es otro tipo de latigazos que me agita por dentro.
-Mau…
-Dije silencio, señorita Andrade -repite apegando su cuerpo al mío, tomando mi mandíbula para cubrirme la boca con sus grandes manos, mientras sin entender mucho mis manos solas se pegan al respaldar de la cama, y él clava su pelvis en la parte baja de mi cintura.
Un suave golpe, más bajo llega justo a ese lugar, rozándolo, es una sensación extraña, como si una corriente me recorriera. Tomo aire para calmar esta sensación, pero cuando su mano es la que me toca se me escapa un sonido a toda regla.
 Quita la mano de mi boca y me obliga a mirar el reflejo oscuro de nosotros dibujado en la pared, nuestros cuerpos se expresan dándole aún más morbo a la situación. Mis piernas tiemblan y a pesar de que aún estoy vestida sé que mis bragas ya están húmedas y mis pezones erectos claman por salir mientras él parece un monumento esculpido a mano con el pecho perlado y su espalda levemente curvada hacia mí.
Lo primero que introduce en mí son sus dedos que recorren mi boca al mismo tiempo que no deja de mirarme ni un solo segundo provocándome aún más excitación. Mis caderas solas piden más, pero es como si él llevara su propio ritmo, lento, torturante y demoniaco; jugando con mi sexo que ya palpita desesperado. No puedo evitarlo y un gemido suplicante se me escapa.
-¿Hablaste?
Niego con la cabeza, se supone que debo seguir sus órdenes, de eso se trata el juego ¿o no?
-No soy sordo, señorita Andrade -añade con voz ronca.
-No…
-Ahora sí lo has hecho -asegura y me acalla nuevamente, pero esta vez con un beso furioso cargado de más. Y es el instante en que sube mi falda, corre mis bragas y al fin se introduce, centímetro a centímetro aun con los labios pegados.
Las luces provenientes de la vela confabulan para ver nuestras sombras en toda la habitación permitiéndome sentirme una mujer desenfrenada y audaz. Subo las piernas atrapando su cintura, y aunque intento abrazarlo no puedo, es una verdadera tortura en un paraíso maravillosamente doloroso; y lo que faltaba, una palmada en mi culo que me hace arder hasta el mismo infierno, dejando así marcado en mi piel sus cinco dedos mientras siento como se clava más y con más fuerzas, poseyéndome, sometiéndome a su completa voluntad. Me entrego a cada embestida, a cada azote sobre mi piel enrojecida, a cada dedo que introduce en lugares que cuando estoy cuerda no quiero ni pronunciar, pero ahora, quiero todo, quiero todo y obtengo más.
Y así, agarrándome de la barra del cabecero, aprieto con fuerzas las manos y libero el gemido que está atrapado en mi garganta, el mismo que Mauricio con su boca apegada a la mía no me dejaba expresar. Y en castigo, separándose de mí, dándome una sensación de vacío abre mi blusa esparciendo los botones como si fueran gotas de lluvia por toda la habitación, y comienza con la fusta lacerante y amenazadora a recorrer mi abdomen hasta llegar al lugar que clama por él, pero ahora con mucha más fuerza y un ímpetu que quiero atesorar para siempre.
Mi gemido finalmente estalla en sus labios, espero un castigo, y este llega en forma de latigazos, cada uno más fuerte que el anterior, ahora sí que jadeo sin poder evitarlo y su cuerpo entero está sobre mí. Puedo a través de las sombras ver claramente la fusta en sus manos y cuando sé que ya no puede más hablo:
-Acaba para mí, mi amor-. Y como si fuera una bruja y mis palabras fueran mágicas Mauricio se entrega completamente soltando todo lo que tiene en sus manos para sostener mi rostro y gemir dentro de mi boca, entrelazando la lengua, disfrutando de cada espasmo que lo recorre por dentro.
-Mío… -susurro con la voz cortada.
-Siempre tuyo.
-Y ahora, señor Costabal, deje de jugar a ser Grey y hágame el amor como usted sabe, o… déjeme a mí la fusta para jugar yo…
Sus ojos se abren como dos linternas, y es ahí cuando apaga la vela y ya no se ven ni nuestras sombras, somos solo nosotros dos, Beatriz y Mauricio Costabal, mi H.D.P personal….

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21 comentarios:

  1. Genial! Ya los extrañaba y este capítulo fue súper �� me encanto! Felicidades eres seca

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  2. Si es una máquina!!! Jajaja me encanta ese par!!

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  3. Muy bueno, adoro a Costabal ��

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  4. Muy bueno esos días son terribles. El HDP quiere pareser Grey.

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  5. Ya se echaba de menos al HDP, súper bueno el corto ��

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  6. Muy buen relato, como siempre nos tienes acostumbradas sita @conti.

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  7. natalia jaque villalobos7 de enero de 2019, 13:01

    Genial!! Me encanta costabal!!!

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Me encantó conti. Que recuerdo me traes con el blogg conti

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  10. Guauuuuuu, me encantan los personajes, creo porque los has escrito de una forma en que da la impresión que puede ser una mujer común y corriente quien se quede con semejante hombre. Ya extraña leerlos

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  11. Como siempre,sin palabras, eres una genia, me quito el sombrero, me encantan ellos dos, aunque fui de las que mas odiaban a Mauricio, me fascinan tus historias, gracias Conti, gracias

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  12. OMG!!!Me encantó el lado Sr.CostaGrey 😋🤤🔥😉 Gracias Conti Me Encnto Amo Al HDP 😍

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  13. Es primera vez que te leo... Y me encantó !!!!

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  14. Me encanto el Relaro estuvo excelente gracias mi angel por compartinos un poco mas de costobal exitos..

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  15. Fabulosos me facino gracias Conti exelente trabajo éxitos

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  16. Me encanta cuando nos dejas saber más de los personajes y más cuando dan el relato de sus pensamientos como hiciste en la bella historia de Corazón de Kristal felicidades Conti y muchas bendiciones y muchos éxitos att Señora Picapiedra

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